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  • ¿A QUIÉN LE CONVIENE CRITICAR EL SISTEMA PROCESAL PENAL?

La crítica desmedida sobre el nuevo sistema procesal penal, puede tener diversos orígenes, pero la verdad es que debemos indagar sobre a quiénes les puede convenir criticar un sistema transparente, que asegura independencia y que requiere un alto nivel de conocimientos jurídicos y sujeto al control del cliente y del público en general. Hay que preguntarse quiénes tienen los recursos y manejo de los medios, como para generar una crítica masiva desde la ignorancia.

El antiguo sistema procesal penal, era oscuro y corrupto, no por algo estaba y funcionaba sobre la base del trabajo de actuarios, donde mucho de los grandes abogados litigantes eran buenos lobbistas y cobraban un plus extra para gastos de juicio. A su vez, los delincuentes poderosos, los traficantes, los mafiosos, los grandes intereses económicos y políticos, tenían y manejaban muchos tribunales, a través del dinero, sacar resoluciones de la noche a la mañana, pasar por el estado diario resoluciones con fechas hacía atrás y miles de triquiñuelas y tinterilladas de todos conocidas.

Son precisamente aquellas personas (ciudadanos y abogados) quienes habían logrado corromper el sistema procesal penal antiguo y por ende, los más interesados en que el nuevo sistema, derechamente no funcione, ya sea por la peregrina idea de que se puede volver atrás, o al menos, tratar de crear bolsones de oscuridad, que permitan corromper el sistema.

No olvidemos que la transparencia asegura control ciudadano, probidad, independencia, libertad para administrar justicia y equidad.

En este sentido, la reforma procesal penal supone que las decisiones del juez se producen en audiencias públicas, todo queda grabado y registrado (registro de audio) y el juez debe exponer y dictar sus resoluciones y fundamentarlas en el mismo acto. Las resoluciones se notifican a los intervinientes en la audiencia. El público presente, ve a los operadores cumpliendo sus roles profesionales propios. En definitiva, asiste y participa de un proceso propio de la expresión soberana de un pueblo.

¿Cómo se puede entonces corromper el sistema? No se puede, al menos al momento de la audiencia pública.
Pero además, el abogado, al exponer en la audiencia, puede ser directa e inmediatamente evaluado por su cliente en cuanto a su capacidad, conocimientos jurídicos y expresión oral, es decir, ya no puede culpar al actuario, al sistema o al juez por su mal trabajo. Ya no puede decirle a la gente que el Juez no entendió, porque ahora, todos sabrán que él no sabe de derecho para justificar su teoría del caso.

Por ello, cuando hoy en día se declara el abandono de la defensa por que el abogado defensor no sabe de derecho, ese abogado, pierde no sólo ese cliente, si no a todos los demás, toda vez que se sabrá que no sabe, que es un ignorante y más aún, un mentiroso por falta al deber profesional para con los intereses de su cliente.

Ahora bien, si a ese nivel no se puede corromper el sistema, y no se puede volver atrás, al oscurantismo del pasado, a la decisión secreta entre cuatro paredes, a la intervención del actuario, sólo queda un camino, esto es, tratar que la mayor cantidad de las decisiones sean revisadas por las Corte de Apelaciones, ámbito en el cuál aún siguen funcionando los lobbistas. Ahí ya no se hacen las audiencias con las puertas abiertas, ya no están los imputados presentes, sus familiares, la prensa, la gente en general; ya que las decisiones (muchas de ellas) no se adoptan de inmediato, si no que se cita para unos días después a escuchar el fallo.

Por otra parte, ahora tampoco es el abogado el que maneja la agenda del tribunal, es decir, ya no puede dilatar los juicios, ahora se debe trabajar, ahora se debe estudiar y eso los 365 días del año y las 24 horas del día. Ahora los juzgados del crimen funcionan y hay audiencias los días sábados, domingos y festivos. Nadie queda desamparado hasta el primer día hábil siguiente.

Entonces, a quiénes conviene combatir el sistema y tratar de volver atrás. A los abogados lobbistas y a las grandes mafias e intereses políticos y económicos, que antes podían controlar los Tribunales a través de la corrupción, por cuanto lo oscuro del sistema les permitía corromperlo.

En definitiva, a esa oscuridad no quiero volver ni tampoco quiero que ustedes y las generaciones futuras, tengan que pasar por ello.


Marco Lillo de la Cruz
Abogado

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